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El Oviedo lleva la ilusión al súper

Laura Valle tiene ocho años y tiene muy claro quiénes son sus ídolos: Cazorla y Aarón. El primero, por aquello de que los niños asturianos aprenden a quererle casi antes que a andar. El segundo, porque hay algo en ese portero valenciano de manos enormes y voz tranquila que le genera una devoción difícil de explicar con palabras para una niña de su edad. Así que cuando su padre David le dijo que Aarón iba a estar en el Alimerka de la calle Joaquina Bobela, Laura no necesitó que se lo repitieran. Allí se plantó con su mellizo Martín, y allí esperó en la cola con una paciencia que no es precisamente la virtud más extendida a esa edad.

Se mordía las uñas. Las de una mano y las de la otra, por si acaso. No apartaba los ojos de Aarón ni un segundo, pendiente de cada movimiento del guardameta como si temiera que alguien pudiera llevárselo antes de que le llegara el turno. Cuando “Garra”, la mascota azul, se acercó a saludarla con su habitual simpatía, Laura le dedicó una sonrisa educada y volvió a clavar la mirada en su portero. Las prioridades estaban muy claras. "Es mi favorito", repetía una y otra vez.

La espera terminó como terminan las mejores esperas: bien. Laura se colocó al lado de Aarón, recibió el abrazo que llevaba días imaginando, posó para la foto que le hizo LA NUEVA ESPAÑA y que guardará durante mucho tiempo y se marchó de allí con varias firmas y la expresión de quien acaba de resolver algo importante.

La escena de Laura resumía bastante bien lo que fue durante toda la tarde el Alimerka de Joaquina Bobela, la antigua sala Estilo: un hervidero de azul. Decenas de aficionados se acercaron al establecimiento para compartir un momento con Aarón, Fede Viñas, Sheila Garrido y Gema Ginés, cuatro futbolistas del Oviedo que se presentaron con toda la disposición del mundo para firmar, fotografiarse, charlar y estrechar cuantas manos hiciera falta. Las muñecas lo notaron. Los bolígrafos también. Pero nadie se quejó.

La iniciativa, impulsada por Alimerka dentro de su estrategia de apoyo al deporte asturiano, busca precisamente eso: acortar la distancia que a veces se percibe entre los futbolistas y la gente que los sigue cada fin de semana. Que un niño pueda darle un abrazo a su portero favorito en el pasillo de las legumbres tiene algo de extraordinario en su aparente normalidad. La compañía, patrocinadora del club, lleva tiempo apostando por este tipo de acciones que vinculan el fútbol con la vida cotidiana y con la promoción de hábitos saludables entre la ciudadanía. Los jugadores estuvieron a la altura de lo que se les pedía, que en realidad era muy poco y mucho a la vez: estar, sonreír, firmar y hacer que la gente se fuera a casa contenta. Misión cumplida. Laura Valle puede dar fe de ello.

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