La historia de los Mundiales es el reflejo del tiempo en que se celebran. Qatar (2022) elevó el discurso en un contexto mucho más mediatizado, pero esta cita siempre ha sido una poderosa herramienta de soft power y de proyección internacional. Rusia, cuatro años antes (2018); la coronación de Argentina en plena dictadura de Videla (1978); el ejercicio propagandístico de la Italia fascista (1934) Cada torneo ha sido espejo de su época. Una situación similar se vivirá en 2026, con el Mundial de Estados Unidos, con México y Canadá como coanfitriones en un tablero global especialmente agitado.
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