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La primavera del FC Cartagena nace en enero

Enero es un mes cruel para el fútbol. Un mes de urgencias, de decisiones tomadas con el agua al cuello, de apuestas que rara vez cumplen lo prometido. Los mercados invernales están plagados de frustraciones, de futbolistas que llegan con el cartel de salvador y se marchan sin pena ni gloria, de inversiones que se evaporan antes de que el termómetro vuelva a subir. Por eso, cuando un club acierta -de verdad, con convicción y resultados sobre el césped-, merece ser resaltado.

El FC Cartagena atravesó el cambio de año en una encrucijada. El relevo en la cúpula directiva había dejado al club en una especie de tierra de nadie: estructuras cuestionadas, plantilla a medio gas y la inquietante sensación de que la temporada podía irse por el desagüe antes de que llegase el calor. La nueva dirección deportiva, encabezada por Javier Hernández, no se anduvo con contemplaciones. Con la contundencia que exige la supervivencia, tomó la drástica decisión de prescindir de varios futbolistas y acometió un proceso de renovación que, sobre el papel, sonaba a parche. En la práctica, ha resultado ser algo mucho más cercano a la obra maestra.

Tres aciertos, dos esperanzas

Yannis Rahmani irrumpió en el Puerto de Cartagena como una ola de alta mar. Extremo de raza, de esos que parecen haber nacido con el balón pegado al pie y la portería rival grabada en la retina, el francés no necesitó tiempo de adaptación ni rodaje. Desde su debut —ese doblete que hizo levantarse a una parroquia albinegra que andaba necesitada de motivos para creer—, Rahmani ha sido la prueba más elocuente de que algunas contrataciones van más allá de la lógica del mercado y entran directamente en el terreno de la intuición. Su fútbol no es solo eficaz; es hermoso. Tiene esa rara cualidad de los jugadores que pertenecen a una categoría superior a la que compiten, y su presencia en el once convierte al Cartagena en un equipo con argumentos para soñar con el playoff de ascenso.

Pero la historia del mercado invernal albinegro no se agota en Rahmani. Jean Jules llegó envuelto en dudas razonables: un centrocampista que llevaba meses sin competir, llegado desde la liga griega, un destino que no suele ser precisamente el escaparate de los grandes talentos europeos. Las suspicacias eran comprensibles. Lo que nadie anticipaba es que el camerunés respondería con la solidez y la garra de quien tiene algo que demostrar. Partido a partido fue acallando las voces escépticas, y en el duelo ante el Sabadell alcanzó su cénit: fue el mejor del encuentro, un faro en el centro del campo, la pieza que faltaba para dar equilibrio a un equipo que hasta entonces parecía construido sobre arenas movedizas. Su mediocridad presupuesta se ha convertido en valor incuestionable.

Benito Ramírez completa el podio de las incorporaciones más destacadas. En la banda izquierda, ha aportado destellos que confirman una categoría difícil de ocultar. Quizás no ha tenido el impacto visual e inmediato de Rahmani, ni la redención narrativa de Jules, pero su aportación es sólida y promete crecer conforme avance la temporada. Si su cuerpo le acompaña —si la condición física se pone a la altura de su talento—, Ramírez puede convertirse en el jugador decisivo que marque la diferencia en este tramo final, cuando el margen de error se reduce a cero y cada punto tiene el peso de una losa.

Los otros dos refuerzos, Eneko Ebro en el centro de la zaga y Willy Chatiliez en la banda, responden a una lógica distinta. No han llegado para protagonizar titulares ni para ser los estandartes de una revolución; han llegado para ampliar el catálogo, para dar profundidad a una plantilla que necesitaba oxígeno en el banquillo. Su papel es el de los actores secundarios y veremos si tienen más galones o no. Queda por ver si Aridane, la posible guinda de este pastel, acaba de completar un mercado que ya tiene mucho de excepcional.

El técnico que llegó de rebote

En el teatro del fútbol, hay guiones que ningún dramaturgo se atrevería a firmar por miedo a que pareciesen demasiado inverosímiles. La historia de Íñigo Vélez en el banquillo albinegro tiene ese sabor a ficción improbable. El club quería a otro. El nombre de Torpedo Arias era el elegido tras la destitución de Javier Rey, y el técnico vasco fue el plan B de urgencia tras el ridículo.

Y, sin embargo Vélez tomó las riendas sin fanfarria, sin el aura del elegido, y se puso a trabajar con la discreción y la determinación de quien sabe que los argumentos solo valen si se demuestran sobre el verde y su experiencia ya le avalaba. Lo que está construyendo tiene buena pinta. El Cartagena que dirige Íñigo Vélez es un equipo diferente al que heredó: más compacto en su estructura, más sólido en las dos líneas de presión, más competitivo en los momentos de mayor exigencia y sin cometer errores garrafales que lo han condenado en fases de la temporada. Ha infundido en el grupo una identidad que antes brillaba por su ausencia, esa cohesión invisible que distingue a los conjuntos que tienen alma de los que simplemente tienen jugadores.

Que haya llegado de rebote importa cada vez menos y le da un punto extra a su rendimiento. En el fútbol, como en la vida, los mejores capítulos raramente están anunciados. El FC Cartagena tiene ahora un equipo con dirección, con argumentos y con la ilusión suficiente como para creer que el play off no es una utopía sino una meta al alcance.

Negocia el fichaje del central Aridane Hernández

El FC Cartagena trabaja en el fichaje del defensa central Aridane Hernández, según ha adelantado Radio Marca Murcia. Según la emisora se hará oficial en los próximos días. El veterano zaguero canario, de 36 años, se encuentra actualmente sin club y podría sumarse a la disciplina albinegra en los próximos días si las partes logran cerrar los últimos flecos del acuerdo. Sería la sexta incorporación para esta segunda vuelta y la guinda del proyecto.

Aridane quedó desvinculado de la UD Almería el pasado 2 de febrero, tras un breve paso por el conjunto andaluz, y desde entonces aguarda una nueva oportunidad para prolongar su carrera en el fútbol profesional.

El defensa aporta una dilatada experiencia en las dos primeras categorías del fútbol español. Su etapa más reconocida transcurrió en el CA Osasuna, donde fue pieza relevante en el ascenso a Primera División en la temporada 2018-19 y contribuyó a la posterior consolidación del club navarro en la élite. También ha vestido las camisetas del Cádiz CF y del Rayo Vallecano, entre otras entidades, labrándose una reputación sustentada en su fortaleza física, su eficacia en el juego aéreo y su veteranía.

De confirmarse la operación, el Cartagena reforzaría su línea defensiva con un central de perfil experimentado y con más de una década de bagaje en el fútbol profesional, cualidades que podrían resultar determinantes en el tramo decisivo de la temporada. Además en un puesto que necesita otra pieza.

El club, a esta redacción, no ha confirmado la noticia de su contratación ni tampoco que esté cerca de ser cerrado.

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