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Algo falla en el Real Madrid

El Real Madrid cumplió los pronósticos: estará en los octavos de final. Sporting de Portugal o Manchester City le esperan en la siguiente ronda, a la que el conjunto blanco accedió con más temblores que certezas, con más inseguridad que solidez. Ganó al Benfica, y está entre los 16 mejores equipos de Europa.

¿Entre los 16 mejores? Solo en teoría. El equipo blanco sigue siendo pura irregularidad; capaz de alternar buenos momentos con episodios espantosos. El fútbol es una fuente continua de sorpresas, quién sabe lo que ocurrirá, pero cuesta un mundo situar a este Real Madrid como candidato a la Champions.

El Madrid tiene varios problemas, resumidos en uno: es tan simple y tan obvio que suena a perogrullada. Al equipo le falta fútbol, orden y coherencia. No gobierna los partidos con la contundencia que debería. No es un equipo fiable.

Rinde muy por debajo de sus posibilidades, como si cada jugador hablase un idioma distinto, una torre de Babel que no parece no atender las instrucciones de su entrenador.

A Camavinga y Tchouaméni, por ejemplo, se les supone un despliegue físico fuera de toda duda. Sin embargo, convirtieron el centro del campo en el patio de la escuela del Benfica. Por momentos, el equipo luso jugó a placer en el Bernabéu, algo incomprensible teniendo en cuenta lo que había en juego. Incapaces de frenar a los rivales ni de recuperar balones, Camavinga y Tchouaméni fueron futbolistas demasiado insustanciales, muy lejos de la jerarquía que se les supone.

Álvaro Carreras pasa por ser un lateral de largo recorrido: lo demostró precisamente cuando jugaba en el Benfica. Sin embargo, apenas progresó por su banda. ¿Órdenes de su entrenador, prudencia, o simple timidez? Lo cierto es que el Madrid cargó casi todo su juego por la banda de Valverde, ese jugador que tanto ha insistido en que no quiere ser lateral.

A Arda Güler se le supone una extraordinaria capacidad para filtrar pases y generar juego: tiene una visión del fútbol privilegiada y un talento que nadie discute. Podría (y debería) ser uno de los mejores asistentes del fútbol europeo. Suyos son los balones parados- y es justo señalar que parece ir creciendo poco a poco- pero sigue lastrado por cierta timidez, o por una posición en el campo que no acaba de ser la suya. ¿Qué ocurre con el jugador turco? Es talentoso y valiente. Pero no es tan decisivo como debería.

En cualquier otro equipo, Güler sería capitán general, el dueño de la batuta, el gran dinamizador. ¿Por qué no en el Real Madrid? Acaba de cumplir 21 años y ya ha jugado 10 partidos con la camiseta blanca, pero es inevitable ver en él a un jugador desaprovechado.

De otros jugadores especialmente talentosos con el balón, como Brahim (y también Mastantuono, hasta cierto punto), apenas hay noticias.

Algo sucede en el Real Madrid.

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