La final del Mundial de Clubes del 2011 entre el Barça y el Santos (4-0) se recuerda como la sublimación del estilo de Pep Guardiola en el Barça. Con Messi de falso nueve, Pep alineó en Yokohama un equipo de cinco centrocampistas (Busquets, Xavi, Iniesta, Cesc y Thiago), un lateral con alma de media punta (Alves), un central con muy buen pie (Piqué) y dos defensas puros (Puyol y Abidal). Fue una demostración de juego de posición, en la que el Barça acumuló muchos jugadores de talento por dentro y destrozó al equipo brasileño con un puro centrocampismo.
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