Hoy era día de derbi y, como todo buen derbi, el papel protagonista se lo llevaron las aficiones. Previo al partido, los aficionados del Eldense se hicieron de notar. Pese a ser minoría, los azulgranas pitaron a los jugadores del Hércules tan pronto como pusieron un pie en el césped.
Lejos del Pepico Amat se sintieron como en casa
El desplazamiento visitante fue masivo. Los de Elda estuvieron animando a su equipo ya desde el hotel. Una vez en el Rico Pérez, los azulgranas eran tantos que la grada visitante no les fue suficiente y ocuparon los asientos aledaños para, en muchos momentos, opacar el ruido blanquiazul.
Las limitaciones no surtieron efecto
El Hércules, por su parte, tuvo dos problemas que mermaron el apoyo de la afición alicantina. Una sección del fondo norte estuvo clausurada debido a la sanción impuesta por el Juez Disciplinario tras los incidentes contra el Sabadell. Sumado a ello, la peña “Curva Sur” se ha declarado en huelga de animación.
Dicho sector ya mostró, con un acto previo al partido frente al Antequera, su repulsa hacia la directiva tras la condena a Carlos Parodi por el “caso Abde”. En esta ocasión, han decidido hacerse notar por ausencia. Un día después del último encuentro como locales, la peña que conforma una parte de la grada de animación anunciaba su huelga, y así se han mantenido este partido. Entre el comité disciplinario y los desacuerdos con la directiva, el fondo norte quedaba desangelado para el segundo derbi de la temporada.
Mientras la protesta continuaba, el resto de los aficionados alicantinos tomaban la delantera dialéctica tras el temprano gol de Unai Ropero. Aún por detrás, los azulgranas no cesaban su apoyo incondicional al equipo dirigido por Claudio Barragán.
En el minuto quince de partido, la afición herculana al unísono entonaba el, ya clásico, “Enrique, vete ya”. Mientras tanto, los visitantes respondían, en modo sarcástico, “Enrique, quédate”. La tónica del partido entre ambas aficiones fue la del intercambiar mensajes a modo de pique sano entre los equipos y sus respectivas ciudades.
El gol en el tiempo añadido de Sotillos hizo estallar al Rico Pérez, el cual estaba a punto de lamentar otra victoria perdida. Los aficionados alicantinos saltaron cualquier cordón de seguridad que hubiera en su camino para celebrar, junto a los jugadores, una victoria de infarto.
Pese a las restricciones, autoimpuestas u obligadas de manera externa, la megafonía anunciaba al descanso un aforo de 10.167 personas en el Rico Pérez dispuestas a presenciar un derbi donde la emoción estuvo a flor de piel hasta el último suspiro.