Rodrigo Hernández puede convertirse en jugador del FC Barcelona próximamente y los aficionados ya esperan su posible refuerzo en el medio del campo. Ahora tiene 30 años y disfruta plenamente del fútbol en exclusiva, pero también hubo un momento en el que tuvo que compaginarlo con sus estudios.
En su caso, considera que es importante formarse como persona más allá de la habilidad con los pies, unos valores que le inculcaron sus padres desde pequeño. Tanto es así que el actual Balón de Oro del Mundial tiene una carrera universitaria completada, un grado de ADE en la Universidad Jaume I de Castellón, en la Comunidad Valenciana, tierra que le vio crecer desde que llegara del Atlético de Madrid de adolescente.
De hecho esta era una de las condiciones del 'acuerdo' que tenía con sus padres, que le permitieron perseguir su sueño siempre que no abandonara sus estudios: "La educación era muy importante en mi familia", señalaba en el pasado.
Entre el fútbol profesional y la 'uni'
Lejos de lo que pueda pensar la gente, su carrera internacional en el Manchester City no le impidió continuar con sus estudios, aunque a distancia porque durante su primer curso vivió en la residencia de estudiantes tras cumplir 18 años y abandonar la academia del Villarreal: "Mis compañeros entrenaban y luego volvían a un piso solos. Me formé, luego fui a clases, luego volví a la residencia de estudiantes, donde conocí gente de toda España".
"Tenía 19 años cuando jugué mi primer partido de La Liga y estaba en la Universidad y la gente decía: ‘¡¿Es el mismo tipo?!’", comentaba. Ahora recuerda aquello como algo muy positivo y asegura que "disfrutó mucho de esos cuatro años" y "fue bueno para su salud mental" porque conseguía desconectar.
Además, nunca dejó de visitar la universidad personalmente aun viviendo ya en Manchester cuando tenía que hacer algunos exámenes o entregar documentos. Su vínculo con la universidad es grande porque conoció a la que es su mujer, Laura Iglesias, en aquella etapa y como estudiaba medicina y no le importaba mucho el fútbol le aportaba una visión completamente distinta a la de su realidad: "No quería oír hablar del empate contra el Celta de Vigo", ponía como ejemplo Rodri.
El fútbol nunca ha sido una excusa y animaba a quien se lo planteara a sacar adelante su carrera universitaria con un poco de esfuerzo: "Está claro que no puedes seguir el ritmo del resto de estudiantes, pero con pasión y dedicación puedes conseguirlo. No en cuatro años, porque a mí me ha costado seis", señalaba el todavía mediocampista 'citizen', que añadía que solía estudiar por la tarde cuando el cuerpo técnico les daba libre.
El día que se olvidó del fútbol
A toda persona que ha estudiado le ha ocurrido en alguna ocasión que se ha concentrado tanto en el temario que ha olvidado el resto de su vida, como en un estado de trance involuntario. Eso mismo le ocurrió a Rodri un día que no se acordó de que estaba citado a cierta hora para un partido.
"¿Sabes cuando tienes una pesadilla en la que vuelves al colegio y olvidas que tienes un examen? Pues eso me pasó a mí, solo que fue real. Y no era el colegio, era La Liga", señalaba. La solución fue ir corriendo al coche para llegar cuanto antes a la cita: "Me sentía como James Bond en mi Opel, recorriendo las calles. Entré con un aspecto terrible. Ese día me dieron una paliza, pero me lo merecía".
Más allá de la anécdota, el suceso le hizo ver la importancia de seguir una planificación estructurada para no perderse ninguno de los compromisos tanto en el mundo futbolístico, como en el universitario. Una pista del carácter del segundo Balón de Oro español de la historia.