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Leandro, argentino y dueño de un bar en España: "Aprendí que se desayuna más fuerte, que se come más tarde, que los viejitos siempre toman un vasito de vino y se van caminando..."

La hostelería es uno de los sectores con mayor peso en España, tanto por su importancia económica como por el papel social que desempeñan los bares en la vida cotidiana. Más allá de ser negocios dedicados a la restauración, estos establecimientos funcionan como puntos de encuentro donde vecinos, amigos y familias comparten tiempo y conversaciones. Precisamente esa dimensión social fue la que llevó a Leandro, un inmigrante argentino afincado en Badalona, a cumplir un sueño que llevaba años persiguiendo: abrir su propio bar.

El emprendedor compartió su experiencia en una entrevista difundida en redes sociales por la cuenta @Pastor Comunica, donde explicó que uno de los principales motivos que le impulsaron a emprender fue su deseo de integrarse plenamente en la sociedad española. Tras casi dos años viviendo en Cataluña, se dio cuenta de que la mayoría de sus relaciones seguían siendo con compatriotas argentinos y quiso cambiar esa situación.

"El bar me parecía el lugar de encuentro para conocer más la cultura de acá", explica Leandro. Según relata, trabajar cada día detrás de la barra le permitió descubrir costumbres que hasta entonces solo conocía como cliente o espectador. Desde los horarios de las comidas hasta la forma en la que muchas personas mayores comienzan el día compartiendo un café o una copa de vino antes de seguir con su rutina, el argentino asegura que el contacto diario con los clientes le ayudó a comprender mejor la vida cotidiana en España.

Actualmente, España cuenta con entre 163.000 y 184.000 bares, según diferentes estimaciones, una cifra que sitúa al país entre los que presentan una mayor concentración de este tipo de establecimientos. En términos aproximados, existe un bar por cada 175 habitantes, un dato que refleja el arraigo que la hostelería mantiene dentro de la cultura española.

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Platos de un menú de mediodía en un restaurante de la Rambla del Poblenou, en Barcelona.
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Sin embargo, la idea de abrir un bar no nació al llegar a España. Leandro recuerda que era un sueño que arrastraba desde su juventud. "Siempre me gustó tener algo donde la gente pudiera venir y pasarla bien, pero nunca me animé", explica. Aunque con el paso de los años estudió Derecho y se especializó en derecho deportivo, esa idea permaneció en un segundo plano durante mucho tiempo.Al instalarse en España intentó desarrollar su carrera profesional vinculada al deporte. Comenzó colaborando con un medio de comunicación escribiendo noticias deportivas, una actividad que compaginaba con su pasión por el fútbol y la escritura. Sin embargo, pasado un tiempo sintió que aquel camino no terminaba de satisfacerle y empezó a plantearse un cambio profesional.

Fue entonces cuando decidió recuperar aquella vieja ilusión. Junto a un socio, también argentino, abrió un bar en Badalona convencido de que era el momento de dar el paso. "¿Y si me saco la espina del bar?", recuerda haber pensado antes de lanzarse definitivamente al proyecto.

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Hoy asegura que no se arrepiente de la decisión. Más allá del esfuerzo que supone sacar adelante un negocio de hostelería, afirma que disfruta atendiendo a sus clientes, escuchando sus historias y formando parte de la vida del barrio. "Me gusta ver a la gente contenta", resume.

Su experiencia pone de manifiesto que, para muchos inmigrantes, emprender también puede convertirse en una forma de integración. En su caso, el bar no solo le ha permitido desarrollar un proyecto empresarial, sino también construir nuevas relaciones personales y acercarse a la cultura española desde uno de sus espacios más representativos: la barra de un bar.

Fuente original: www.sport.es →